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miércoles, 26 de noviembre de 2014

Madrid, la ciudad europea más baratos para viajar



Se acerca el puente de diciembre y muchos españoles piensan una escapada rápida a alguna de las capitales europeas. Pero ¿Conoces cuál es la capital más barata?
Londres, Madrid, París, Milán o Ámsterdam, ¿en cuál saldría más barata una cena para dos? ¿y un billete de transporte público? Eso es lo que han intentado determinar desde la web de viajes Rumbo.es, que han observado cuánto cuesta comer, el transporte y el alquiler en estas cinco capitales europeas.
¿El resultado? Madrid gana por goleada como la más barata, seguida de Ámsterdam, París, Milán y Londres. Aunque depende del factor que se tenga en cuenta.
La ciudad de Ámsterdam sería el lugar más barato para viajar si se quiere "sobrevivir" a base de “fast food”, pues un menú saldría por 6,38 euros. Le sigue Madrid (siete euros), Londres y París (7,75 euros cada uno) y Milán, donde este menú saldrá por unos ocho euros.
Si alguien prefiere alimentarse con un menú de más calidad, lo más barato en esta ocasión es ir a Madrid: saldría por unos 10 euros. Le sigue París (12 euros), Londres (12,10 euros) y Milán y Ámsterdam (15 euros en cada una).
¿Viaje en pareja? De nuevo en este aspecto Madrid es la más barata: un menú para dos saldría por 45 euros, frente a los 67 por los que puede salir en Milán, según los datos facilitados.
Respecto al transporte, Milán y Madrid son las ciudades con el billete de un viaje más barato: 1,50 euros, lejos del  1,72 euros de la capital francesa, de los 2,72 euros de Ámsterdam y, especialmente, de los 3,39 euros que cuesta en Londres, la ciudad más cara en este sentido.
Respecto al alquiler de una habitación, los datos son similares a los anteriores: un apartamento de una habitación en el centro de Madrid es la opción más económica (742 euros), Londres, por su parte, la más cara (1.780 euros).
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martes, 26 de agosto de 2014

Refrescate en Madrid con estos deliciosos helados artesanales!

Las mejores heladerías de Madrid para combatir el calor

En Madrid el calor del verano es difícil de llevar. Pero sólo si quieres. Hay muchas maneras de combatir las altas temperaturas del termómetro, y una de ellas es disfrutando de un buen helado. Más clásicos o más atrevidos, los sabores helados del verano tienen nombre de mojito, tiramisú, zanahoria, mandarina, turrón, soja y ¿por qué no? fabada con chorizo. No te resistas. El verano se ha hecho para caer en la tentación.


1. MISTURA, HELADOS QUE CUIDAN EL PLANETA
En el barrio de Chueca (Augusto Figueroa, 5) encontramos una heladería con deliciosos productos cuya filosofía se basa en el cuidado del medio ambiente: MisturaAquí la palabra industrial no existe: los helados se miman de forma artesanal desde el primer momento. Su secreto está en que sólo utilizan materias primas de calidad: la leche, la nata y el yogurt proceden de una pequeña granja a las afueras de Madrid donde se cuida mucho la alimentación de las vacas. En esta heladería no saben lo que son los conservantes, los espesantes o los ingredientes artificiales. Todo es 100% natural.
Su carta de sabores te hace perder el norte: los sirven de chocolate intenso, Baileys, pistacho, dulce de leche... Otro secreto: preparan el sabor y el topping sobre una plancha de granito para potenciar su cremosidad. También sirven tés orgánicos y café colombiano de comercio justo, además de sorbetes de fruta fresca y zumos depuradores (el que hacen de espinacas, limón, apio, manzana y pera es la bomba). Como curiosidad, prácticamente todo lo que ves en el local es reciclable, así como las cucharillas, hechas a partir de maíz y aceites vegetales y, por supuesto, biodegradables.
Mistura
Helados que cuidan el planeta

2. BAJO CERO, SABORES ATREVIDOS
Diseño, vanguardismo y helados muy atrevidos es lo que encontramos en Bajo Cero (Glorieta Quevedo6). En un local de decoración minimalista donde impera el blanco y un ambientechic, una vitrina llena de colores nos plantea una duda existencial ¿qué pedir? Nos encanta el mascarpone con higos macerados, la almendra cruda con vainilla de Tahití, el helado de pétalo de rosas o el de fresa con té. Todos son helados artesanales y sin aditivos. De lo más sano. El diseñador Roberto Torreta y la modelo Nieves Álvarez están tras esta heladería que también prepara una deliciosa repostería, batidos y cócteles.
3. LOS ALPES, UNA VETERANA 
Una heladería con muchos años de experiencia a las espaldas y que nos llega directamente de Italia es la longeva Los Alpes. Originario de La Toscana, en los años 50 se instaló en la calle Arcipreste de Hita el famoso heladero Andrés Galisteo. Hoy, la tercera generación de la familia mantiene vivo el gran encanto de este negocio tradicional que prepara algunos de los mejores helados de la capital. En 1950 sólo ofrecía ocho sabores. Hoy la carta (toda artesanal) es muchísimo más extensa e incluye tartas, granizados y una horchata que te quita los sentidos
Para su helado de avellanas, trabajan con avellanas de la zona de Reus, tostándolos lentamente durante tres días; para el de pistacho consiguen los frutos secos directamente de Sicilia; los limones los traen de Murcia, el chocolate es de la firma Valrhona y la fresca es ecológica -que no fresón-. Una recomendación: el helado de tiramisú supera todas las expectativas.
Bajo Cero
Helados modernistas

4. GELATERIA LA ROMANA, PURA TRADICIÓN ITALIANA
En la Romana (Paseo de la Habana, 27), la familia Zucchi lleva haciendo helados desde 1947.Son auténticos helados artesanales muy conseguidos: los hay de pomelo rosado, de sandía y de manzana verde, además de los tradicionales, como el chocolate negro, mango o el de pistacho, la joya de la corona. Y es que para hacerlo, traen los pistachos directamente desde Bronte, Sicilia.
Tampoco podrás resistirte a probar un Cialdotto, un cucurucho de barquillo con cuatro bolas de helado y nata fresca montada en el momento. En total, más de 60 sabores puros de texturas ligeras para luchar contra el asfixiante calor de Madrid. Otro detalle: en este local de decoración vintage emplean fruta española de agricultura biológica, plátanos de Canarias y fresas de Huelva. Y eso se nota en el resultado.
La Romana
Amarás los Cialdotto

5. NAPOLI, HELADOS SALADETES
¿Imaginas un helado de espárragos verdes? ¿Otro de aceite de oliva o de salmón? No, no es una broma. En la heladería Napoli los hacen y tienen mucho éxito. Se encuentra en la zona del Retiro (Avda Ciudad de Barcelona, 19) y lleva haciendo helados desde los años 80. ¿Quieres saber qué otros sabores raros encontrarás aquí? Apunta: helado de boletus, de roquefort, de keptchup y el plato estrella, bola de helado de fabada con chorizo. Si eres más clásico, no te escandalices, también sirven sabores más 'normalitos' como el de chocolate a la naranja o el de queso fresco con frambuesas. Todos deliciosos.
6. GIANGROSSI, CÓCTELES HECHOS HELADO
Giangrossi es una heladería donde se mezcla lo mejor de las recetas italianas con la tradición de Argentina. ¿Qué encontramos en su escaparate? Prepárate: helados de After Eigh, de flan casero, de manzana, de dulce de leche casero, de zanahoria y mandarina, de mascarpone con frutos rojos y una larga lista que sólo de pensarlo se nos hace la boca agua. En total ofrecen más de 30 sabores de helados artesanales y muy cremosos. Y para los que adoran los cócteles, también sirven helado de mojito y de gin-tonic. El local es moderno y su decoración simple, pero cuidada al más mínimo detalle. Es un lugar donde te apetece quedarte a disfrutar de tu helado en buena compañía. Lo encontrarás en Velázquez 41 y en Cava Baja 40.
Giangrossi
Más de 30 sabores para elegir

7. GIUSEPPE RICCI, HELADOS DE SOJA
Si hay algo que diferencia a la heladería Giuseppe Ricci (Huertas, 9) del resto es su deliciosa producción de helados a base de soja, sin leche ni azúcar (en su lugar utilizan fructosa). Es perfecto para personas que sufren algún tipo de intolerancia y se mueren de ganas por probar un helado. Con los colores de Italia como bandera, en su escaparate encontramos sabores como sandía, piña, manzana verde, bizcocho, macedonia o mojito. Aviso: si pasas por el barrio de las Letras y te cruzas con esta heladería, tendrás la incontrolable tentación de entrar. 
8. OHMYGOOD ¡VIVA EL JOGUR HELADO!
OhMyGood es el rey de los yogures helados, una moda que nos llega directamente de Sicilia.Basta mirar uno de sus contundentes helados para quedarnos hipnotizados. Tienen sabores de todo tipo para elegir y como toppings hay desde frutos secos, a cereales, chocolate y fruta fresca. ¿Eres goloso? Pues échale a tu helado unos conguitos o unos trozos de brownie y subirás directamente al cielo.
Estos ‘frozen’ son naturales y no llevan nada de conservantes. Y para los que están a dieta, una buena noticia: son bajos en calorías. Esta marca la encontramos en varias zonas de Madrid, como en las calle Sagasta 32 y Plaza Republica Dominicana 8.
OhMyGood
Amor por los yogures helados

Mistura
Con un par de sabores refrescantes, el calor es otra cosa

Recomendamos también los helados de algunas pastelerías, como Pomme Sucre que se ha hecho cargo de la marca Bruin, aquellos recordados helados que durante décadas refrescaron el Paseo de Rosales y que lamentablemente cerraron hace unos años. También los de El Riojano, en la calle Mayor, o los de alguna horchatería como Alboraya. .
Sin duda me he dejado alguna buena casa de helados en el tintero, es difícil abarcarlo todo, así que  agradezco sus sugerencias.
Madrid es una ciudad muy heladera (a veces incluso heladora), ya desde el lejano tiempo de los Austrias, cuando se traía la nieve desde el Guadarrama para confeccionar los sorbetes y mantecados que tanto gustaban a la Corte. En los últimos años los madrileños nos estamos quedando helados un día sí y otro también oyendo las noticias; por lo que no está de más tratar de endulzarnos un poquito la vida con un buen helado.

- Yoy: C/ Barbieri nº 26 (Plaza de Chueca) El yogur helado bien trabajado.

- La Bonata: Plaza de Chueca nº 8. Yogur helado, yogur griego, calipos de frutas y sabores curiosos como el de galleta maría.

- De Sandra: C/ Alcalá nº 182. Con una atractiva y moderna decoración, una mini-terraza y una carta con 60 sabores.


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domingo, 24 de agosto de 2014

Si estás en Madrid, algunas opciones para tomar el té

Margó Salón de Té


Hay muchas formas de tomar el té de las cinco. Tumbado en unchaiselonge, en un salón de aire francés, en una auténtica tetería inglesa o en el lobby del hotel Ritz. Descubrimos ocho rincones con mucho encanto en Madrid para adictos a la teína.

1. MARGÓ SALÓN DE TÉ (María de Molina, 5)
Entrar en el Margó Salón de Té es como vivir en una casa de la aristocracia parisina. Su decoración, su mantelería e incluso su vajilla parecen sacadas de la época de Maria Antonieta. El lugar es muy kitsch, con aires románticos y detalles british en cada rincón. Si algo te llama la atención, pregunta su precio, todos los objetos decorativos que exponen están a la venta: desde utensilios para el té o la cocina hasta el azucarero de la vajilla; también venden los manteles y juegos de porcelana o loza. Hay una gran variedad de tés e infusiones, todos deliciosos. Destacan el té negro desteinado de melocotón Midsummer's peach y el Indian Nimbu, té darjeelin con limón y caramelo. Para acompañar: buenísimas tartas y bizcochos caseros de zanahoria con mascarpone, calabaza y naranja…. Hay mucho donde elegir. También sirven divertidas infusiones para niños con merengue.
Cover Té Madrid
2. SALÓN DE TÉ VAILIMA (Salustiano Olózaga, 18)
Muy cerca de la Puerta de Alcalá encontramos una de las teterías con más encanto de Madrid:Vailima. Este coqueto salón de té revive el ambiente de París con una decoración muy de Belle Époque: mesas y sillas antiguas, cortinas toile du jour y estanterías llenas de bonitas teteras de porcelana. Pero si hay algo que nos sumerge en el verdadero encanto de este lugar son sus aromas embriagadores. Vailima ofrece más de 50 variedades de los mejores jardines de té del mundo de la Maison de Thé. Encontramos infusiones de China, India, Vietnam o Laos, entre otros. Venden incluso té con partículas de oro. La repostería francesa que elaboraban sus dueñas tampoco tiene desperdicio: Macaroonscroissants,briôches, etc. Un delirio para los golosos.
Vailima
Un trocito de París cerca de Alcalá.

3. TETERÍA BOMEC (San Joaquín, 8)
¿Imaginas tomar un té tumbado en una cama? En el Barrio de Malasaña podemos hacerlo. La Tetería Bomec esconde en su interior un lounge lleno de camas, chaiselonges y sillas de mimbre con una espectacular decoración asiática. Llama la atención el enorme buda dorado que nos observa desde un lado del salón. Y todo en un ambiente de lujo Zen donde la música chill out y el sonido de las fuentes nos relaja el alma. En su carta encontramos más de 160 variedades de té traídos de China, Taiwán, Tailandia, África, India y Japón. Una curiosidad: Victoria Beckham acudía a Bomec a comprar el té cuando vivía en Madrid. 
Bomec
La tetería de los chaiselongues

4. EMBASSY (Paseo de la Castellana, 12)
Embassy  nació en 1931 como un lugar al que pudieran asistir las damas refinadas de Madrid sin acompañante, algo muy transgresor en aquellos tiempos. También ha sido muy conocido por la presencia de diplomáticos por su proximidad a las embajadas británica y alemana, dando lugar a numerosas anécdotas vinculadas con el espionaje de ambos bandos durante la Segunda Guerra Mundial. El ambiente de entonces, elegante y sofisticado, se ha salvaguardado en cierta manera hasta nuestros días, lo que le confiere un mayor encanto a este salón de sofás verdes aceituna. En su carta, su té Embassy y su batido de chocolate y menta son dos must que hay que probar al menos una vez en la vida. Y para acompañar, nos quedamos con los pastelitos de limón y la tarta perigord (aunque cualquier otra opción es un éxito seguro).
Embassy
Un salón histórico de tertulia y té


5. LA TETERÍA DE LA ABUELA (Espíritu santo, 19)
En el Barrio de Malasaña encontramos una tetería bohemia que ha sabido conservar el encanto de los establecimientos antiguos con gran naturalidad. Hablamos de la Tetería de la Abuela, un local viejuno (en el buen sentido de la palabra) que fue testigo de la Movida madrileña, y que hoy, con una decoración vintage nos recuerda al salón de la casa de la abuela. Nos sorprenden detalles como un ropero de madera de los años 30, un rincónart decó de barra en mármol y madera o un moderno mural del interiorista Antonio San Millán. Aquí podemos disfrutar de un relajante té con una banda sonora de buena música alternativa. En su carta destacan las infusiones aromatizadas con frutas exóticas, los dulces, las tostas saladas y los platos de origen indio y japonés. Hay de todo un poco. Para los clientes con mascota, la buena noticia es que además son un local dog friendly.
La Tetería de la Abuela
Un salón antiguo con barra de mármol

6. SALÓN AL YABAL (Cáceres, 52)
Salón de Té Al Yabal es una de las teterías con más solera del centro de Madrid. Lleva abierta 30 años. Decorada en un exquisito estilo árabe, este salón ofrece selectos tés, repostería árabe, buenos gin-tonics y cachimbas para fumar. Su ambiente es realmente mágico, parece que estuviéramos dentro del cuento de las Mil y una Noches. Es una delicia relajarse en este oasis de paz con patios andaluces y fuentes de agua. También sirven cervezas afrodisiacas (para quienes no quieran té).
Salón de Té Al Yabal
El salón de las Mil y una Noches


7. LIVING IN LONDON (Santa Engracia, 4)
Junto a la Plaza de Alonso Martínez descubrimos un pedacito muy cuqui de Londres: Living in London es una tetería que nos permite viajar hasta la capital inglesa sin movernos de la silla. Es un lugar muy auténtico para tomar el té de las cinco al más puro estilo british.Paredes de papel de flores, muebles de época, vajillas con motivos floreados, manteles de color pastel. Todo muy chic. El ambiente es acogedor y melancólico al mismo tiempo. Sus productos son de sobresaliente: variedad de tés y una repostería que quita los sentidos: desde tartas cheesecake a batidos de tiramisú o muffins de chocolate. En su tienda se puede comprar té, mermelada, galletas inglesas y mucho más.
Living in London
Living in London, tienda y tetería.

8. LOBBY HOTEL RITZ (Plaza de la Lealtad, 5)
Si hay un hotel en Madrid donde la hora del té es sagrada ese es el Ritz. El té de la tarde de este alojamiento de cinco estrellas es todo un ritual que se lleva a cabo cada día en el bar del lobby del hotel. Mientras el pianista toca en directo una clásica melodía (a veces también tocan el arpa o la guitarra española), los camareros sirven con una increíble puntualidad inglesa una taza de té junto a una bandeja de plata cargada de pastas, scones ingleses y sándwiches. De sus tés, el Orange Pekoe y el Sencha Makotoson nuestros favoritos.
Hotel Ritz
El ritual de té del Ritz, un clásico



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martes, 12 de agosto de 2014

Cosas que extrañas cuando te vas de Madrid!

Te has ido. Puede que haya sido por obligación, tal vez hayas hecho la maleta con entusiasmo y convicción, puedes haberte ido con alegría. Reniegas de tu país de origen, no crees en fronteras, la marca España te da igual, te va genial, te va regular, te encanta tu nueva vida o la sobrellevas, pero a veces, ay, a veces, además de la familia y los amigos (¿qué patria hay si no?) te encuentras recordando no sólo lo malo, que abunda, sino también lo bueno. Que aunque parezca increíble también lo hay.
Aunque nunca echará de menos lo mismo alguien de Santander que alguien de Mojácar ni alguien cuyo nuevo destino sea Noruega que alguien que viva en Australia, hay una serie de elementos comunes básicos que harán que si nos lees desde tu nuevo destino, te mueras de ganas de hacer la maleta y entonar el “Vuelve a casa vuelve”.
1) ¡EL JAMÓN!
Va entre exclamaciones pero debería estar escrito en fuente Impact tamaño 72. Ni la fabada de tu abuela, ni las croquetas de tu madre, ni la paella de tu padre; el jamón es el número uno, el Valhalla, el non plus ultra de la morriña. La mitad de las consultas que reciben los operarios de las líneas aéreas en España están relacionadas con poder llevar jamón en los viajes y su semi prohibición en ciertos países hace que circulen packs de envasados al vacío como las botellas de destilados circulaban durante la ley seca. Así que si tienes un poco de jamón cerca, míralo al trasluz, huélelo, hazle una reverencia y degústalo a tope. Se lo merece.
¡Viva!
¡Viva!

2) LAS PERSIANAS
Qué pesados somos los españoles quejándonos de la falta de persianas cuando vamos por ahí. Pues sí. Invento básico que regula la luz, protege del viento y de las miradas indiscretas, los países de influencia calvinista desconocen completamente su existencia y cada día nos preguntamos cómo pueden vivir sin ellas.
3) LOS BARES DE VIEJOS CUTRES
Antes y después de que fueran tomados por los hipsters, los bares cutres con palillos y servilletas en el suelo, una barra de formica y una placa del mundial del 82 son parte del adn de cualquiera que haya vivido en España. Saber que podías encontrar uno a la vuelta de la esquina abierto a horas intempestivas y regentado por un señor con bigote parlanchín te daba una seguridad en el mundo y en la vida en general de la que ahora careces. A veces también añoras los camareros bordes y el mal servicio. Así de tramposa es la nostalgia.
4) EL SOL
Los de las zonas más septentrionales de la península no lo añoran tanto porque no es un invitado de la vida diaria, pero los que lo dan por supuesto no sabrán lo importante que es hasta que se encuentren con lluvia durante tres semanas consecutivas. No ver el cielo azul en meses tres meses o pasarse ese mismo tiempo rodeado de nieve consigue explicar por qué todos los pueblos antiguos adoraban al sol como Dios supremo. En los países más fríos comprenderás a la perfección por qué la gente se vuelve loca cuando llega la primavera, enloquecerás tú también y participarás del alborozo.
5) LOS TECLADOS DE ORDENADOR
Las tildes. La eñe. No hace falta decir nada más.
Bares, qué lugares
Bares, qué lugares

6) LAS TAPAS 
No queda otra que ponerse cañí, tópico y repelente, pero sí, la tortilla de patatas, los choricitos, el pulpo, el pescadito frito, los embutidos, ir de pinchos, tomar tapas, todas esas cosas, las quieres y añoras a todas y a cada una de ellas. Cuando te vayas no te olvides de decir “Aceitunas rellenas de anchoa, a ti te echaré de menos más que a ninguno”.
7) IMPROVISAR 
Salir de trabajar con los compañeros e ir a tomar algo sin tener que haber quedado con días de antelación, cuadrado agendas y reservado un sitio. Que el tomar algo sin más se vuelva una cena, y la cena, una noche de juerga. Salir de casa una tarde para hacer un recado y volver a las tres de la mañana cansado, un poco borracho y feliz.
Tapa y caña
Sin la tapa, la caña no tiene (tanto) sentido

8) LAS FREGONAS
Este, uno de los pocos inventos españoles en la lista de contribuciones mundiales, todavía no ha sido adoptada por todos los países del globo y no entendemos por qué. Prueba a solucionar una inundación provocada por una avería en la lavadora sin fregona. Sí, exacto, ahora eres Cenicienta.
9) LAS BAYETAS 
Siguiendo con el campo de la limpieza y el hogar, nunca sospechaste que una bayeta absorbente podía convertirse en objeto de deseo. El gel de ducha en envase grande es una entelequia por la que peregrinar y las esponjas “normales” que tienes en mente y las que encuentras a la venta vienen de mundos diferentes.
10) LA SOBREMESA
Poder alargar la comida/cena/café con cháchara, intimidades, maledicencias y planes para resolver el mundo sin que los camareros te miren mal, sin que cierren las puertas o sin que el resto de los comensales tenga que irse con mucha prisa.
11) LA VIDA EN LA CALLE 
Lo más simple se convierte en un privilegio. Estar en una terraza tomando algo al sol puede ser una entelequia en tu nueva vida. Di adiós a los niños que juegan en los parques o en la calle, a salir a pasear sin rumbo fijo por algo que no sea un centro comercial y a las tiendas llenas a las nueve de la noche. Calles atestadas bien entradas las madrugadas veraniegas, adiós.
12) EL TOMATE FRITO 
Primera compra importante en tu nuevo hogar. Vas al súper buscando tomate frito porque das por supuesto que está en todas partes, llegas y te encuentras con que no hay, y si lo hay no es lo mismo (“no es lo mismo” se va a convertir en una frase muy repetida en tu vida). A partir de ahora chistes manidísimos como el “cuate, aquí hay tomate” harán que se te salte una lágrima.
Calle Mayor en Madrid
En España no sabemos qué es la agorafobia: la vida se hace en la calle

13) EL COLACAO 
Con sus vetustos anuncios políticamente incorrectos, su icónica imagen, sus grumos, sus inventos peregrinos de cada verano… por muy buenos que sean los productos para chocolatear la leche, no encontrarás nada parecido.
14) NO TENER QUE CONDUCIR 
Un tema sensible para los que viven fuera de Europa. Poder ir a cualquier parte sin tener que coger el coche e introducirse en carreteras de cuatro carriles, o incluso poder llegar al trabajo en transporte público (por muy renqueante que sea) es la típica cosa que recordarás nostálgicamente cuando pases al volante de un armatoste un tercio de tu tiempo.
15) LOS HORARIOS 
Los locos horarios españoles tienen cosas espantosas como la jornada partida y llegar de casa a trabajar a las ocho de la tarde (o a las once de la noche), pero a la vez esa misma jornada partida permite a algunos privilegiados echarse la SIESTA (ya tardaba en salir) y da lugar a costumbres con las que cuesta más romper de lo que parece, como ¡poder comer a las tres de la tarde! ¡cenar a las diez de la noche! Mágico.
16) EL SENTIDO DEL HUMOR
Tan difícil de definir y tan definitivo, el humor es una de las cosas más específicas y capaces de demostrar la conexión con otra persona, con otra cultura u otro país. Desde pillar los chistes, emplear la ironía o soltar frases de Chiquito o del APM en tus conversaciones cotidianas como si tal cosa, compartirlo provoca una sensación de pertenencia impagable.
Camarero
Cuando falta el camarero del típico 'bar de viejos'... algo se muere en el alma

17) EL CAFÉ
Si no se está en Italia, Venezuela o Colombia, es muy probable que esté en el top de las cosas que se añoran. Cada país tiene su forma particular de prepararlo y esto nos lleva a los cafés aguados, los que tienen poso, los engendros con polvos instantáneos… por no hablar del galimatías de las diferentes formas de pedir por el mundo un café con leche o un cortado en tacita o vaso de caña. Te espera todo un mundo de variedades cafeteras y experiencias desiguales hasta dar con la versión del café que te resulte más satisfactoria. Puede que hasta al final te encuentre mirando un Starbucks con ojos de deseo.
18) EL ACEITE DE OLIVA
Aceite de oliva a buen precio, de buena calidad y que no se venda en la sección de delicatesen como aceite italiano (aunque sea español). La mantequilla te encanta y estás convencido de sus bondades, pero una vez más repitamos el mantra “no es lo mismo”.
19) EL PAN: OH, EL BUEN PAN
Pan que no sea de molde, que no sea una baguette recalentada, que no sea precongelado. Aunque la calidad del pan en muchas zonas de España sea como para llorar masa madre y, por ejemplo, en Francia la diferencia es a mejor, si vives en Inglaterra o en un país asiático que no haya sido colonizado por los franceses sabrás de qué estamos hablando.
20) EL TURRÓN (MENCIÓN ESPECIAL PARA EL DE SUCHARD)
Ay de aquellos que tienen que pasar unas Navidades fuera de casa. Las fechas de la nostalgia por excelencia son terreno abonado para recordarlo todo con emoción suprema. Si los italianos han conseguido que el panettone sea fácilmente localizable en supermercados de todo el mundo, la labor difusora del turrón no es ni mucho menos comparable. Hasta el duro y el de yema, que sólo gustan a los abuelos, te encontrarás recordando en tus cenas navideñas.
21) LAS RUFFLES AL JAMÓN
Por supuesto que amas el jamón pero, reconócelo, también las Ruffles que de jamón tienen bien poco. Aquí les profesamos devoción y sabemos lo duro que puede ser pasar muchos meses sin notar esa sensación de que la lengua se te queda como un esparto tras devorar el contenido de una bolsa.
22) LAS PIPAS
Fieles compañeras de los adolescentes que pelan la pava y de los domingos con partidos de fútbol, quién te iba a decir que podrías añorar tanto un producto tan simple, tan sucio y tan omnipresente en los kioskos españoles. Saladas o sin sal, su chasquido te volvía loco y todos sabemos que no, las pipas de calabaza no tienen ni punto de comparación.
Cosas que AHORA echas de menos


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